Estabamos solos…

Estabamos solos…

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Estábamos solos ella y yo…

ella lucía
aquel pelo tan suave y sus hermosos y grandes ojos color marrón.

Yo sabía exactamente lo que ella quería, desplacé
mis dedos por la suave piel de sus finas piernas, corrí mis
dedos por su espina dorsal, poco a poco
llegué a posar mis manos en sus senos.

Recuerdo mi temor,
mi corazón latía muy rápido, pero finalmente
ella se abrió de piernas y yo, con sumo cuidado,
me puse en acción… y
ya no paré hasta que aquel líquido blanco
dejó de manar.

Fue mi primera vez,

¡Al fin había conseguido ordeñar una vaca!
(Gracias Picche)
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