Los ahorros

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Había una vez un hombre que trabajó toda su vida y
ahorró cada centavo. Era un miserable y tacaño sin
solución. Le gustaba su dinero más que nada en el mundo.

Poco tiempo antes de su muerte, se dirigió a su esposa y le dijo
así:
– Escúchame mi querida esposa: cuando yo muera te pido que tomes
todos mis ahorros y mi fortuna y lo coloques al lado de mi cadáver
dentro del féretro. Yo me quiero llevar conmigo mi dinero al otro
mundo. Hizo jurar a su esposa en lo más profundo de su
corazón que cuando le llegara la hora, su dinero sería
enterrado con él.
Y llegó el día en que el hombre se fue de este mundo.
Su cuerpo inmóvil en el féretro… La viuda sentada entre los
amigos y
familiares más cercanos…

Al terminar el velatorio y un segundo antes de que los empleados de la
funeraria cerraran el féretro, ella ordena:
-¡Un momento por favor! Se acerca y coloca dentro del féretro
una caja
de zapatos cerrada muy bien.
El féretro es cerrado y enterrado…
Uno de los amigos más cercanos de la familia se le acerca y le dice
a la viuda:
-Espero que no te hayas vuelto loca y hayas colocado su fortuna en la
caja…
-¡Por supuesto que sí –dice la viuda– yo soy una buena
cristiana y lo que prometí debo cumplir al pie de la letra…
Prometí a mi esposo en vida que pondría todo su dinero y su
fortuna dentro, y eso hice…
-¡Un momento! ¿Me quieres decir que cada centavo que
ahorró lo introdujiste dentro de esa caja? ¡Y ahora
está bajo la tierra!
-¡¡¡¡¡¡Por supuesto!!!! Junté
todo su dinero, centavo a centavo, lo deposité en mi cuenta y puse
un cheque!!!!!
(Gracias Tomás Dorán)

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