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Etiqueta: entierro

Cortejo funebre

Cortejo funebre

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Un actor famoso muere y al momento de salir el cortejo fúnebre.
Un niño se pone a llorar y sigue al coche donde va el cajón:
– ¡¡¡Papá no me dejes, quiero estar contigo, no me dejes papá!!!
El publico en la funeraria mira al niño y muchos de
ellos lloran desconsoladamente. Mientras que el niño continúa con su triste cuadro de dolor:

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Viuda acongojada

Viuda acongojada

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Su voluntad fue dejar 40.000 euros para un buen entierro y una piedra conmemorativa.

Cuando se fueron los últimos acompañantes, la viuda Maria se acercó a una de sus más queridas amigas y le dijo:

-”Estoy segura de que Paco estará feliz”

-”Sí, tienes razón”, le contesta la amiga, “pero cuánto costó realmente?”

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Las flores

Las flores

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Un comercio se había mudado a un nuevo local y uno de los amigos del dueño
quería enviarle unas flores.

Cuando llegan el dueño y el amigo leen la tarjeta que dice:
“Descansa en Paz”
El amigo del dueño estaba furioso y llama para quejarse. Se queja con el
florista por el error evidente y le hace saber lo enojado que está.
Cuando termina de desahogarse el florista le contesta:
“Señor, estoy realmente apenado por el error cometido, pero quisiera que
pensara positivamente: en algún lugar se está llevando a cabo un entierro y
hay unas flores que dicen:
“Felicitaciones por tu nueva ubicación.”
(Gracias Mercedes Gómez)

El derbi

El derbi

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Un hombre tenía unas entradas para el Barça- Madrid de fútbol.

Cuando se sienta, al empezar el partido, otro hombre se le acerca y le pregunta si está ocupado el asiento que está junto a él.

– No -le contesta-, está desocupado.

– Es increíble que no haya venido su dueño -dice el hombre-. ¿Quién,
en su sano juicio, tiene un asiento como éste, para un partido que es
el mayor acontecimiento del mundo, y no lo usa?

Le responde el primero:

– Bueno, en realidad el asiento es mío. Lo compré hace tiempo. Se supone que mi esposa me iba a acompañar, pero falleció. Éste es el
primer derby en el que no vamos a estar juntos desde que nos casamos en 1982.

-Oh… Qué pena me da oír eso. Es terrible, pero, aún así, ¿no pudo encontrar a alguien más, no sé… un amigo, o pariente, o incluso un vecino, para
que usara el asiento?

El hombre niega con la cabeza.

– Pues no. Todos están en el entierro.